Miércoles, 29 de Julio de 2026
Nacional

Inteligencia artificial en educación: académico analiza desafíos de equidad y acceso al aprendizaje

Una imagen representa el panorama actual: un profesor corrigiendo treinta pruebas a medianoche, mientras sus estudiantes duermen desconociendo que la retroalimentación llegará, en el mejor de los casos, la semana siguiente. Esa retroalimentación es fría, masiva y tardía. El aprendizaje, que constituye un proceso vivo e individual, habrá quedado en espera. La Inteligencia Artificial no puede reemplazar al docente. Sin embargo, sí puede devolverle tiempo, precisión y presencia pedagógica real. Además, puede lograr algo más profundo: proporcionar a los estudiantes con menos recursos el mismo acceso al conocimiento que históricamente ha estado reservado para quienes tienen mayores oportunidades.

Este argumento fundamental se respalda en datos documentados por organismos internacionales. De acuerdo con TALIS 2024 de la OCDE, la mayor encuesta docente a nivel mundial que involucra a 280.000 profesores de 55 sistemas educativos, el 41% de los docentes globales utiliza IA en su práctica diaria, principalmente para planificar clases (64%), resumir contenidos (68%) y diseñar actividades. En Chile, Brasil, Colombia y Costa Rica, uno de cada dos docentes ya ha incorporado estas herramientas, superando el promedio de la OCDE. Andreas Schleicher, director de Educación de la OCDE, señala que «los docentes que sepan usar la IA reemplazarán a los que no.»

La UNESCO profundiza en el tema y coloca la equidad en el centro del debate. Su mandato establece que la IA debe contribuir a resolver las desigualdades en el acceso al conocimiento. La Guía para el uso de IA Generativa en Educación de 2024 afirma que la promesa de «la IA para todos» debe permitir que cada estudiante, independientemente de su origen, territorio o condición, acceda a los beneficios de la revolución tecnológica. En 2026, la UNESCO lanzó en Santiago el Observatorio de IA en Educación para América Latina, reconociendo una doble urgencia: seis de cada diez estudiantes de sexto grado no alcanzan niveles mínimos en lectura y matemáticas, y más del 50% de los docentes en Chile ya usa IA, aunque menos del 10% de las instituciones cuenta con directrices formales para implementarla con criterio pedagógico.

Aquí se encuentra el punto de inflexión. La IA no es en sí misma un igualador; puede ampliar la brecha si no va acompañada de orientación docente. No obstante, cuando ese acompañamiento existe, los resultados son significativos. En Chile, el Ministerio de Educación publicó en 2025 la guía PotencIA el Aprendizaje, que reconoce explícitamente este potencial democratizador y propone al docente como mediador indispensable: no es la IA la que enseña, sino el profesor que usa la IA para enseñar mejor. El desafío es considerable. En zonas rurales chilenas, el 62,6% de los hogares tiene conexión fija, y la brecha entre lo urbano y lo rural persiste. La tecnología no resuelve por sí sola lo que las políticas públicas no han resuelto. Pero cuando existe voluntad pedagógica, la IA puede convertirse en un puente entre el aula que existe y el aula que se necesita: una donde cada estudiante, sin importar su ubicación geográfica, tenga acceso a fuentes de conocimiento actualizadas, retroalimentación oportuna y un docente que, liberado de tareas rutinarias, puede hacer lo que ningún algoritmo puede lograr: mirarlos a los ojos y creer en su potencial.

La pregunta no es si la IA llegará a las aulas chilenas. Ya ha llegado. La pregunta es si se usará para cerrar brechas o para ampliarlas. Eso depende, como siempre, de las decisiones que se tomen como sistema educativo.

Con Información de g5noticias.cl

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Redacción.

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