El Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura, IICA, ha implementado en Cuncumén un Centro de Innovación en Agricultura Regenerativa que funciona como un espacio de aprendizaje práctico. La iniciativa surge de la colaboración entre el IICA Chile, la Fundación para la Innovación Agragria (FIA), el Servicio Agrícola Ganadero (SAG), el Municipio de San Antonio y la Cooperativa Cuncumén.
El proyecto se desarrolla en un predio de 17 hectáreas ubicado entre la Región Metropolitana y la Región de Valparaíso, aproximadamente a una hora y media de Santiago. Cuando el IICA asumió la administración técnica del lugar, la situación presentaba suelos deteriorados, erosión severa, ausencia de agua disponible y una topografía irregular con pendientes y quebradas.
Según explicó Hernán Chiriboga, representante del IICA en Chile, el centro comenzó hace cerca de cuatro años con el objetivo de demostrar que es posible recuperar suelos degradados, cosechar agua, diversificar la producción y crear alternativas para la pequeña agricultura. Chiriboga señaló que la intención era «mostrar las recomendaciones técnicas en vivo y en directo, no solamente en un PowerPoint o en una publicación».
Para enfrentar la erosión y la escasez hídrica, el equipo técnico diseñó e implementó obras de conservación de agua y suelo (OCAS), junto con fajinas, terrazas, controles de cárcavas y canales trazados en curvas de nivel. El predio cuenta actualmente con 22 obras de conservación diseñadas con tecnologías de bajo costo y replicables por productores locales, utilizando herramientas simples como niveles de madera para el trazado de curvas de nivel.
El sistema incorpora un filtro biológico con piedras, grava y plantas nativas para retener sedimentos, además de infraestructura de acumulación que permite reunir miles de litros de agua de lluvia, un recurso fundamental en un territorio con precipitaciones escasas.
El centro no solo se dedica a la conservación. En el predio se han establecido limones, nogales, tagasaste, ornamentales, hortalizas, especies forrajeras y sistemas agroforestales, ofreciendo múltiples alternativas productivas para que los pequeños agricultores diversifiquen sus ingresos.
También desarrolla producción de bioinsumos como humus de lombriz, compost y biochar. La lombricultura ha permitido entregar pies de cría a productores de la zona, mientras que el biochar se produce a partir de restos agrícolas con apoyo de la Universidad de Concepción, transformando residuos locales en mejoradores de suelo.
Un resultado significativo ha sido el aumento de la materia orgánica del suelo. El predio partió con niveles inferiores a 0,5% y actualmente algunas áreas se acercan al 2%, según indicó Chiriboga.
Las soluciones implementadas se caracterizan por ser replicables, económicas y apropiadas para el territorio. Destaca el uso de vasijas de barro porosas para riego eficiente en huertas, que liberan lentamente el agua a través de microporos, permitiendo cultivar con un uso muy reducido del recurso hídrico. También se han instalado invernaderos económicos para producción de ornamentales orientados a ventanas comerciales con alta demanda de flores.
El CIARC funciona como espacio de capacitación para productores, técnicos, estudiantes, autoridades y comunidades, combinando teoría, recorrido en terreno y observación directa. Chiriboga destacó que una fortaleza central es «aprender viendo», permitiendo demostrar que la agricultura regenerativa es una práctica concreta que puede cambiar la condición de un suelo.
Aunque el proyecto se desarrolla en el secano costero de Chile, muchas de las tecnologías aplicadas podrían adaptarse a otras zonas del norte chileno y a territorios de las Américas que enfrentan sequía, degradación de suelos y baja disponibilidad hídrica. La inversión total ha sido relativamente baja en relación con los resultados obtenidos.
El centro ha fortalecido la relación del IICA con la comunidad local. Productores de Cuncumén, Escalones y sectores cercanos han participado en capacitaciones y actividades técnicas. El espacio también ha permitido articular iniciativas como el programa de Bomberos Agroforestales de las Américas, orientado a la prevención de incendios en zonas rurales secas.
Entre las nuevas líneas de trabajo se contempla fortalecer la lombricultura, iniciar experiencias de apicultura, avanzar en recorridos agroturísticos, consolidar sistemas agroforestales y evaluar especies como alcornoques con potencial para producir corcho local.
Chiriboga describió el CIARC como «un manchón verde» en medio de un entorno seco, una huella visible de que con cooperación técnica, comunidad y soluciones basadas en la naturaleza, la agricultura regenerativa puede convertirse en una herramienta concreta para enfrentar los desafíos del cambio climático, la escasez hídrica y la degradación de los suelos.
Con Información de g5noticias.cl
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