Las decisiones individuales de postergar o renunciar a la maternidad y paternidad se acumulan hasta convertirse en un problema estructural para el país.
Frases como «no me alcanza para tener hijos» o «primero quiero estabilidad» se repiten cada vez con más frecuencia en los hogares chilenos. Lo que parece una decisión estrictamente personal está comenzando a configurarse como uno de los mayores desafíos económicos y de salud pública que deberá enfrentar el país en las próximas décadas.
La caída sostenida en las tasas de natalidad tiene consecuencias directas sobre el mercado laboral, el sistema previsional y la demanda de servicios públicos. Una población que envejece sin suficiente reemplazo generacional presiona las finanzas del Estado y reduce la base de trabajadores activos que sostienen a los jubilados, un fenómeno que ya afecta a varias economías desarrolladas y que Chile enfrenta con creciente urgencia.
Elaborado a partir de informacion de laregionhoy.cl.
