El descenso del cerro Barón al anochecer, con escaleras mojadas y veredas que terminan sin aviso, ilustra los puntos que la Ley de Tránsito regula para los peatones.
Bajar del cerro Barón al oscurecer, en julio, con la escalera mojada y una vereda que termina sin aviso es una experiencia habitual para cualquier porteño. En ese trayecto conviven varias materias que la Ley de Tránsito regula y que pocos peatones recuerdan al pie de la letra: por dónde se camina y quién tiene prioridad en un cruce.
El caso de Valparaíso trasciende lo local porque la ciudad combina pendientes, escaleras y pasajes que ponen a prueba la normativa nacional de tránsito. La ley define obligaciones para los peatones, pero también establece derechos frente a los vehículos, en un escenario donde la infraestructura muchas veces no entrega las condiciones mínimas de seguridad.
Elaborado a partir de informacion de g5noticias.cl.
