Martes, 4 de Agosto de 2026
Nacional

Mario Martínez: cuatro décadas después, la justicia aún permanece en espera

Cuatro décadas atrás, el 2 de agosto de 1986, Mario Martínez partió de su domicilio en La Florida para entregar apuntes de estudio a un compañero. Nunca arribó a su destino.

A partir de entonces se iniciaron búsquedas intensas. Su familia, círculo cercano y representantes del movimiento estudiantil desplegaron esfuerzos sin lograr hallarlo.

Martínez era estudiante de Ingeniería en la entonces Universidad de Santiago. Quienes lo conocieron lo describen como un joven tranquilo, cercano y comprometido profundamente con los ideales democráticos. Fue expulsado de su carrera luego de denunciar abusos de autoridades designadas durante la dictadura, pero esto no detuvo su participación en el movimiento estudiantil.

Desempeñó los cargos de secretario general de la USACH y tesorero de la CONFECH. A pesar de su juventud y constitución delgada, poseía capacidades de liderazgo que le permitieron aglutinar estudiantes de diferentes universidades alrededor de un objetivo común: restaurar la democracia.

El año 1986 fue uno de los períodos más activos de resistencia contra el régimen militar. Simultáneamente al incremento de manifestaciones nacionales, crecían los reportes de vulneraciones de derechos humanos. La Vicaría de la Solidaridad recibía diariamente a familiares de personas detenidas o desaparecidas, transformándose en un espacio de protección para quienes buscaban verdad y justicia bajo el respaldo de la Iglesia Católica y del cardenal Raúl Silva Henríquez.

La madre de Mario, Rosaura, presentía desde el inicio que su hijo no regresaría. Sin embargo, no cesó en la búsqueda de respuestas ni en mantener su memoria vigente. Mario encarnaba a una generación persuadida de que era viable construir un país superior mediante el diálogo y la participación democrática. Confiaba en persuadir antes que imponer; en el poder de las ideas sobre la violencia.

Días después, el mar devolvió su cuerpo en la playa de Santo Domingo. Pescadores artesanales notificaron el descubrimiento el 8 de agosto de 1986. Sus restos fueron llevados inicialmente a la morgue de San Antonio y posteriormente al Servicio Médico Legal de Santiago, acompañados por el doctor Jorge Palma, mientras el abogado Andrés Aylwin representaba a su familia.

Como sucedió en el magnicidio de Eduardo Frei Montalva, la autopsia en el caso de Mario no se concluyó.

Cuarenta años después, el caso sigue siendo parte de la memoria de quienes vivieron ese período y de quienes consideran imprescindible que la verdad histórica sea completamente develada.

Recientemente, la Juventud Demócrata Cristiana se reunió nuevamente frente al mar, en el sitio donde anteriormente se erigió una cruz en memoria de Mario, monumento que posteriormente fue destruido. Este acto evidencia que la memoria puede ser atacada, pero resulta difícil su eliminación.

Recordar a Mario Martínez no implica permanecer atrapado en el pasado. Significa reconocer que la democracia, los derechos humanos y la dignidad de las personas demandan una defensa constante. Los países que olvidan su historia siempre corren el riesgo de repetirla.

Con Información de desenfoque.cl

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Redacción.

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