En una reunión realizada en Washington con representantes de 60 gobiernos, muchos de ellos promotores de políticas de extrema derecha, el secretario de Estado Marco Rubio presentó su iniciativa para designar como enemigo global a sectores de izquierda. El evento fue organizado por el Departamento de Estado con apoyo del Pentágono y la Agencia Central de Inteligencia (CIA).
Rubio, reconocido anticomunista, sostuvo que “por demasiado tiempo nuestra doctrina contra-terrorista ha tenido un punto ciego…la violencia extremista procedente de la izquierda política”. Antes de ello había hecho referencia a que ese sector está integrado por comunistas, socialistas, anarquistas y antifascistas.
El funcionario estadounidense argumentó que “hoy en día, la mera idea de que el terrorismo de extrema izquierda pueda constituir una amenaza grave se trata como un delirio de la derecha o, peor aún, como una peligrosa conspiración fascista”. Con este reconocimiento tácito de lo controversial de su tesis, Rubio insistió en que “el terrorismo de extrema izquierda” es “la forma dominante de la violencia política”.
Para respaldar su argumento, citó ejemplos históricos: “Nuestros amigos aquí presentes, procedentes de las naciones del Hemisferio Occidental, recuerdan las décadas de secuestros, atentados con bombas, asesinatos y ejecuciones, el terror violento de los tupamaros, de los montoneros, de las FARC y del ELN. Recuerdan la barbarie inhumana de Sendero Luminoso en Perú, recuerdan las decenas de miles de guerrilleros marxistas entrenados para matar en los campos terroristas de Castro”. También mencionó a las Brigadas Rojas en Italia, el Grupo Baader-Meinhof en Alemania y el 17N de Grecia.
Rubio caracterizó a la izquierda y extrema izquierda como sectores con “un mal distintivo y único…un odio por encima de todo lo demás, un odio hacia la propia civilización”. Explicó que aunque estos grupos pueden adoptar “diversos lemas e ideologías según el lugar y la época” y autodenominarse “anticapitalistas, antiimperialistas, comunistas, anarquistas o marxistas”, su carácter fundamental es siempre el mismo, caracterizado como “un resentimiento disfrazado con el lenguaje de la igualdad, la justicia y la liberación”.
Bajo este enfoque, el gobierno estadounidense solicitó a sus aliados coordinación de inteligencia, seguridad y operaciones en los países con el objetivo de detectar, perseguir, reprimir y combatir a organizaciones consideradas de extrema izquierda. Entre los gobiernos presentes se encontraban representantes de Argentina, Chile, Ecuador, Bolivia y Perú en el caso de América Latina.
A la reunión convocada por Marco Rubio no asistieron representantes de México, Colombia ni Brasil.
Con Información de elsiglo.cl
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